EL NIÑO PIRATA FINAL DE LEON

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EL NIÑO PIRATA FINAL DE LEON

Mensaje  LEON GETZEL el Mar Sep 15, 2009 6:15 pm

El regreso a casa fue para Carmelito volver a compartir la vida con sus seres queridos, contarles esa aventura que fue la realización de un sueño.

El barco recorría el mar, las olas no podían frenar las intenciones de llegar a destino. Desde la borda Carmelito contemplaba ese mar, inmenso, solo el horizonte ante sus ojos y ansioso esperaba ver su isla, patria , familia, amigos.

En el barco todo era alegría , los ex piratas trabajaban duro para limpiar, ordenar.

Las armas en cubierta era guardadas, limpiadas, había proyectos para exhibirlas en un museo. Carmelito en conversaciones con Cien Fuegos pensaron en transformar el barco en un museo flotante frente a la isla. Pero eso era prematuro hablarlo ya, tendrían tiempo para eso.

Dos meses transcurrieron, la ansiedad tocaba límites. Y como un sol apareció en el horizonte, Las Antillas.

Se sintió el grito del centinela apostado en el mástil.

─ Isla a la vista.

Fue para todos el gran mensaje.

Carmelito abrazaba a todos.

La llegada frente a la isla emocionaba, sus velas acompañaban con sus movimientos como si fueran palomas volando. El capitán disparó al aire anunciando su llegada.

El pueblo en la costa, observaba el barco con alegría. No comprendían ver la bandera blanca en la cima del mástil.

Se formaron grupos cantando, prepararon comidas, bebidas.

Por fin, una embarcación a remos traía al capitán, abrazado a su hijo adoptivo, con banderas blancas en sus manos. Los remos acompasadamente , parecían brazos largos remando.

Ya en la costa, Carmelito saltó y corriendo entre las aguas abrazó a los suyos que lloraban de alegría. El capitán, emocionado bajó y fue recibido por el intendente quien lo abrazó dándole la bienvenida.

Después, todo transcurrió con alegría, el pueblo lo festejaba.

La madrugada los envolvió, preguntas y respuestas, anécdotas.

En un aparte, Carmelito le contó a su padre como perdió el brazo.

El intendente declaró que ese día sería conmemorado todos los años con una leyenda que diría: REGRESO AL HOGAR.

Carmelito que se hizo poeta escribió un poema que estaría escrito debajo.



Solo los que con aventura fueron,

en busca de un afán efímero,

sabrán,

del regreso ansiado.



Solo los que con aventura fueron

hacia horizontes perdidos,

sabrán,

que es llorar de alegría,

de volver,

hacia la tierra querida



Solo los que con aventura fueron,

a conocer otros mundos,

sabrán,

de los amores perdidos.



Solo los que con aventura fueron,

sin brújula, sin destino.

sabrán,

donde está su sino.



Han pasado diez años desde la llegada del barco.

Muchas cosas han cambiado.

Cien Fuegos, mandó construir una mansión muy grande. La rodeaba un jardín con muchas flores. Una gran escalera de madera lustrada era la entrada. Tenía dos pisos. En la planta baja, sala de recibimiento donde se le convidaba a los visitantes con bebidas. Mas adelante diez habitaciones con ornamentos navales, mesas con objetos de oro y plata, cortinas en las ventanas que miraban al mar, sillones de pana. Personal capacitado informaba a los turistas de las bondades del barco y ofrecía pasajes a una excursión por siete días.

En el primer piso, sala de estar donde se podían leer libros, jugar a la barajas y conversar. En las habitaciones juegos para niños, En la última habitación un gran bar.

En el segundo piso un comedor atendido por mozos muy elegantes que ofrecían a los visitantes un almuerzo sin cargo. Colgadas, plantas y flores. La mesas adornadas,

lucían platos de porcelana, cubiertos de plata y vasos de cristal tallados.

El pueblo orgulloso de tener algo así, había cambiado su aspecto. Las calles adornadas con flores, pequeños hoteles, bares y comedores.

A la orilla del mar mesas donde se servían platos exquisitos de pescado fresco.

El barco hacia excursiones , mientras un idóneo contaba las hazañas del capitán Cien Fuegos.

Carmelito se había casado. Se dedicó a escribir sobre aventuras de piratas. Cuando se hacían fiestas, se disfrazaba de pirata y contaba sus experiencias en el mar.

El capitán se sentaba a la orilla del mar y extasiado miraba su barco.

En las excursiones se vestía de pirata y desde lo alto de la sala de mandos tiraba tiros al aire y se dirigía a los turistas con gritos deseándoles buen viaje.

Le gustaba contar sus aventuras y sentados en la cubierta se rodeaba de niños que lo escuchaban extasiados.

Carmelito se pasaba largas horas en la costa escribiendo, en uno de sus pasajes describió sus sueños del niño que quiso ser pirata.

En la costa hay una bandera blanca en un mástil que dice al pie sobre cemento:

Que la paz reine en vuestros corazones.








LEON GETZEL

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