CAPITULOS 1 Y 2 DE MALIDICENCIA

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CAPITULOS 1 Y 2 DE MALIDICENCIA

Mensaje  LEON GETZEL el Sáb Jul 11, 2009 8:45 am

La pulpería del pueblo, TRANCO LARGO, estaba lleno de paisanos que jugaban al truco, tomaban caña y conversaban.

Hermenegildo, en una mesa, sentado con amigos les estaba contando lo que le dijo don Ñaupa cuando lo visitó. – Mirá Hermenegildo, vos sabés que no soy amigo de chismosear. Pero te quiero contar qué me pasó cuando lo visité a Eustaquio. Entramos al rancho y en una mesa charlamos de viejos tiempos y proyectos que él tenía. En una de esas me pidió permiso pa hablar con su hija, que estaba en otra habitación.

Me quedé sentado esperando. Oí voces y una discusión entre padre e hija. Vos sabés que no soy de meterme en los problemas de otros pero sin querer escuché todo. La cosa venía porque Jacinta estaba preñada. La había plantado Gustavo. ¿Lo conocés? El hijo de don Ramón. El que vendió un caballo ajeno

y terminó en el calabozo. Bueno el muchacho resultó ser el padre del futuro hijo de Jacinta. Don Eustaquio estaba como potro desbocao. Gritaba y yo escuchaba todo. Lloraba Jacinta y le decía que lo quería, que se iba a ir con él a cualquier parte.

Te imaginás que tristeza para don Eustaquio. Me sentía mal tener que escuchar algo tan íntimo. Siguieron hablando y los gritos yegaban hasta en los corrales. No aguanté mas y lo yamé. Salió hecho una furia. Me dijo gritando:--Perdone don Ñaupa esto, nunca creí que le pasaría algo asi a mi Jacinta—Yo no sabía que decir pero pa calmarlo le dije: Mirá hermano, son cosas de la juventud, ya todo pasará, tendrás un nieto ´pa tu felicidad.—

Don Eustaquio no me escuchaba, estaba como potro sin domar. Corcobeaba, y daba patadas como un animal. Tiró la mesa de una patada, salió Jacinta yorando y se escapó pal campo.

Don Eustaquio la corríó como se corre a un ñandú, hasta que la pobrecita se cayó entre los maizales.

Yo los seguí y cuando estuve cerca la levanté, le grité a don Eustaquio que parara de gritar, me miró con ojos que parecían de hiena enojada. Lo frené, lo desafié a peliar, y cuando me oyó al decirle:--Defendete maula. Reaccionó y se quedó parado como una estaca. Aproveché pa decirle: tranquilo don Eustaquio, es su hija y su nieto que viene al mundo.—Le miré la cara que estaba desfigurada. Cayó sentado y yoró. Aproveché la bolada para llevarme a Jacinta al rancho. El se quedó ayi. Al rato mirábamos pal maizal y lo veíamos sentado, inmóvil.

Jacinta se tranquilizó, me habló de su drama, ella lo quería al Carlos, tenía esperanza que mejorara su vida. Iba a luchar por su futuro hogar. Asi juntos en el alero nos tranquilizamos.

Le prometí que iba a tratar de arreglarlo todo. Yo la había visto nacer, era como una hija para mi.

Llegó la noche y dentre las sombras apareció don Eustaquio. Me miró y acercándose me dijo: don Ñaupa perdone todo lo que pasó.

Me enloquecí, la quiero tanto y me traído un disgusto muy grande.

Ta bien don Eustaquio, tranquilo. Yo he hablado con Jacinta y entre todos buscaremos la solución, tenemos que tratar de no agrandar la cosa, por la malidicencia ¿Sabe?- Me miró y me dijo:

-Si comprendo- Me invitó con unos amargos. Sentados tranquilos conviersamos toda la noche. Noche larga, interminable.

Llegó la madrugada. Yo me quedé dormido en un siyón y don Eustaquio se fue a la catrera.

En la pulpería estaban todos muy atentos ante el cuento de Hermenegildo que sin tapujos contaba algo que don Ñaupa le dijera. Esta noticia se desparramó como reguera de pólvora en el pueblo. Dijo doña Paula chismoseando con doña Paca.-

¿ Ansina que la Jacinta anda de apuros? – Y si. Parece que el amor no tiene fronteras. Y gueno la vida es la vida. Haura don Eustaquio será abuelo sin yerno- Claro pa que lo quiere a ese que no trabaja y se el pasa cantando y chupando en la pulpería.

Don Ñaupa después de la dormida en el siyón quedó dolorido de los riñones, y las piernas no le respondían. Pero cuando se despidió le dijo a Eustaquio que hablaría con Carlos a ver que pasaba.

Sentado en el tronquito, tomándose unos amargos, meditaba todo, y se preparó para buscarlo a Carlos.

Seguramente lo encontraría en la pulpería.

Asi fue. Lo vio sentado jugando al truco. Se tomó unas cañas, conversó con el pulpero y cuando se levantó la mesa, lo llamó a Carlos y le dijo: Amigo Carlos.¿Cómo le va?- Bien don Ñaupa aquí estamos pasando el rato—Gueno, mire quiero hablarle a solas de algo muy serio. Si me permite.- Como no don Ñaupa usté sabe como lo respeto- Si Carlos, lo se, por eso es que me atrevo a hablarle de algo tan serio como es nuestra amistad con Jacinta y don Eustaquio.- Cuando sintió los nombres Carlos se estremeció entero, no esperaba eso pero afrontándo el problema le dijo: -Como no don Ñaupa estoy a su disposición.

Salieron de la pulperia y montaron para ir al rancho de don Ñaupa.

Durante todo el camino no hablaron, cuando llegaron con mucha cordialidad don Ñaupa le ofreció unos amargos y ya tranquilos sin mas que el páisaje que los rodeaba, entre los animales que pastoreaban, Don Ñaupa le dijo: Mirá Carlos, perdóname que te tutee, vos sos como un hijo mio.- Por favor don Ñaupa métale nomás.

Tras un silencio prolongado don Ñaupa dijo:

FIN DEL PRIMER CAPÌTULO

Leon.





SEGUNDO CAPÌTULO



En primer lugar te digo que lo tuyo anda en boca de tuito el pueblo. Segundo que si no lo sabés vas a ser tata.

Carlos se puso mas serio que una tortuga y dijo: ¡Yo tata! Y se quedó hay no mas. –Si Carlos, la Jacinta está preñada. Ansina que andá preparándote pal casorio.

Le cebó un mate mas amargo que el primero.

Siguió otro silencio mas prolongado. Se miraron con preguntas que no salieron a flote. Pero cortando el frio de la coversación don Ñaupa dijo: Es gueno que te vayas preparando, primero vas a tener que enfrentarlo a don Eustaquio y dispués a Jacinta que te quiere mucho, vas a tener que trabajar porque de aire solo no se vive, dispues ser buen marido, y cuando seas padre enseñarle a tu hijo que en la vida hay que ser derecho, que es la única manera de vivir como Dios manda.

Ya el sol del mediodia estaba apretando. Era hora de comer.

Don Ñaupa le dijo: Amigo Carlos le via preparar un asao pa que no se olvide de mi.- Gueno don Ñaupa, bienvenido sea,lo via ayudar haciendo fuego y lo demás corre por su cuenta.

Todo marchaba bien, la relacion entre los dos era muy buena.

El tema quedó pendiente, solo se habló de viejos tiempos, cantaron y el humo acompañó como si fuera incienzo.

Cuando partió Carlos prometió cumplir con su obligaciones y se fue al galope.

Don Ñaupa quedó pensando si sería hombre de palabra, porque se dijo: la tortuga no corre mas que lo que le dan las patas y cualquiera le gana una carrera.



FIN DEL SEGUNDO CAPÌTULO

Leon.

LEON GETZEL

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