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Mensaje  MIRTA el Sáb Abr 25, 2009 7:28 am

EDITORIAL COMUNITARIA
LA PALABRA ISRAELITA
POR ISABEL MARDONES

Pedagogía gastronómica
HACE 30 AÑOS
Hace unos días, una colega de mi oficina
(donde soy la única judía) se
acercó a preguntarme discretamente
dónde podría comprar matzá. La pregunta
me sorprendió, y entonces mi
colega entró a explicarme el motivo de
su pregunta. «Parece que una abuelita
mía era judía… Al menos, ella comía
matzá en esta época del año y me convidaba.
Por eso, cuando puedo conseguir
matzá, la compro, porque me conecta
a mi infancia y a mi abuelita, y
además me hace recordar mis raíces…».
Su respuesta me conmovió. Mi colega
está a punto de jubilar, nació en
Alemania y llegó acá siendo una niña
muy pequeña; evidentemente su abuelita
murió poco después y no pudo contarle
su historia. Pero ella mantiene una
suerte de «cable a tierra» a través de la
matzá. Me impresiona que por mucho
que haya habido asimilación en su familia,
la abuelita no dejó de mantener
al menos un símbolo de Pésaj; y hoy,
mi colega, casi de la edad de su abuelita,
no olvida esa complicidad que tuvieron
compartiendo el sabor del pan
ázimo.
Me lleva a preguntarme varias cosas.
Por un lado, qué fuerte es la transmisi
ón del Judaísmo –por debilitado
que esté– a través de la gastronomía.
La única prueba que le queda a mi colega
de una vaga raíz en el pueblo de
Israel es el sabor de la matzá. Por otra
parte, qué fuerte se puede impregnar
en la mente de un niño una mesa y sus
manjares; y por algo nuestros sabios
establecieron que la mejor forma de
cumplir el mandato de la Torá en Pésaj
de «enseñarle a tus hijos» es a través
del séder, en sí mismo una clase magistral
de pedagogía para los siglos y
siglos.
Pero los sabores no bastan. Por algo
que nuestros sabios no se conformaron
con celebrar el éxodo de Egipto una vez
al año, sino que la liturgia nos hace recordarlo
en cada kidush de shabat, y
en varias ocasiones cada día. ¿Qué tiene
la salida de Egipto, que debemos
recordarla continuamente? Por un lado,
implicó el nacimiento de un pueblo;
además representa la intervención de
D's en favor de los desposeídos, en una
época donde el que nacía esclavo, mor
ía esclavo. También debemos recordar
el éxodo porque D's nos quiere libres.
Y también porque al dejar la esclavitud
fuimos dueños de poder santificar el
tiempo, algo clave en el Judaísmo. Y,
finalmente, porque debemos entrenarnos
en el agradecimiento –algo tan claro
dentro del «Dayeinu» del séder–, que
es lo que nos eleva dentro de nuesta
condición humana. En verdad, razones
no faltan…
Sin embargo, me pregunto cuántas
familias habrá donde ni siquiera existe
una abuelita que coma matzá en Pésaj.
Cuántas raíces van quedando como árboles
secos, sin ramas ni flores, y menos
frutos… Pienso que tenemos una
tarea muy importante como Comunidad
para acoger y enseñar, y ofrecer
caminos de retorno y enriquecimiento.
Nuestros servicios cada vez son más
masivos, gracias a D's, y ojalá que siempre
quede espacio para acoger a alguien
más que desea retomar los eslabones de
la cadena de su familia. Es una tarea
para la Comunidad, en el sentido de
generar espacios para todos. Debemos
ser como la carpa de Abraham, abierta
a los cuatro costados, para dar puertas
de entrada desde distintas vías y temá-
ticas –desde la fe, desde la música, desde
la cultura, desde la gastronomía, y
tantas más– y esperamos que el nuevo
Merkaz nos permita tener aun más alternativas
que ofrecer. Pero también es
una tarea y responsabilidad de cada
uno. De seguro más de alguno de nosotros
tiene parientes alejados del Juda
ísmo, y sería importante que no los
dejemos irse a la deriva.
Al final, muchas familias terminan
en lo que ha sido llamado «un Judaísmo
culinario», donde lo último que
quedan son las recetas de la Bobe. Pero
la gastronomía también puede ser una
herramienta poderosa. Buscando recetas
para Pésaj, descubrí en un libro de
cocina algo que me cambió la óptica.
Incluía una historia sobre el abuelo de
la autora, quien decía «Food is more
than eating»: «La comida es mucho
más que el comer. Es lo que te permite
saber QUÉ eres, QUIÉN eres, DE
DÓNDE vienes, y más aun, te permite
cumplir con el mandamiento
divino de agradecer y bendecir al
Kadosh Baruj Hu».
En otras palabras, comer tiene sentido
porque nos conecta con la trascendencia.
Lo mismo que el séder, Pésaj, y
todo el Judaísmo. Desde que no existe
el Templo, nuestra mesa, la mesa en
que comemos cotidianamente, ha tomado
el rol del altar del Templo. Está en
nosotros darle sentido a los momentos
alrededor de esa mesa y, al igual que el
éxodo, es algo que debemos recordar
cada día. Eslabón a eslabón iremos formando
una cadena fuerte que poder
legar a las próximas generaciones. Y
ojalá que nuestras mesas sean como un
séder perpetuo: alegres, inclusivas, acogedoras,
para vivir juntos la experiencia
de ser judíos y sembrar en los corazones
de los que nos continuarán.
POR ISABEL MARDONES

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