RECUERDOS DE UN SEDER DE PESAJ

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RECUERDOS DE UN SEDER DE PESAJ

Mensaje  Marcelo el Miér Abr 15, 2009 12:41 am

Mucho se ha hablado del séder de Pesaj y de los recuerdos de la infancia relacionados con esa apasionante aventura eminentemente gastronómica, donde nuestro zeide, cual Don Corleone bonachón pero severo presidía la multitudinaria mesa imponiéndonos la lectura de la Hagadá, completa en este caso, como condición para acceder a los paradisíacos manjares que preparaba mi bobe. La cosa daba para largo porque mi zeide decía el kidush y le ofrecía la mitzve a todos los hombres de la mesa, que kanaineore no eran pocos, salteándose por supuesto a este humilde servidor no sólo por no tener aún la ansiada (qué lejos que quedó...) edad de Bar Mitzvah, si no porque mi viejo, queriendo demostrar los vastos conocimientos de su primogénito, le invitó a pronunciar aunque sea la bendición básica y según su parecer "sólo mojarse los labios". Pero vuestro humilde servidor, sediento y hambriento cual hijo de Israel vagando por algún agreste y arenoso desierto, no sólo se mojó los labios: no habían terminado todos de articular el "amén" cuando ya me había mandusqueado toda la copa del kidush, bajo la mirada centelleante y furibunda de mi zeide y los ojos de mi viejo conteniendo apenas la risa… y bueno, che. Con el vino casero de uvita chinche preparado por mi zeide directamente del parral que adornaba la entrada de su casa de Valentín Alsina… ¿quién podía resistirse?

Después venía el karpás, que era la bendición de las hierbas (boire pri odume, pero a mí me salía boré pri haadamá, por lo que mi zeide despertaba mi ira llamándome "a terkish") y que servía para engañar el estómago, porque mi bobe repartía a cada comensal un tenedor con un pedazo de papa mojado en salmuera. Claro que a los chicos les pasaba un tenedor con una papa entera "para que no sufran hasta que se poida comer". Luego de esa engañifa estomacal, venían las "fir kashes" que para mis ocho impetuosos años eran "cosas de niñas" (no podía entender por qué mis primas, ya grandes, cantaban el "ma nishtaná" con mi hermanita. Para mí, lo único cantable eran cosas de hombres, como las canciones de la cancha o de la radio o la música del Llanero Solitario). Luego… ¡por fin! Venía la cena. Primer plato: el legendario aunque algo dulzón (io sonno poilisher cento per cento) guefilte fish (pescado relleno… ¿por qué lo llamaban así, si no rellenaba nada ni se servía como pescado al que hubiesen rellenado? ¿Será porque después de comer tanto pescado, uno quedaba relleno? vas-y-voir*…) con un jrein casero al lado del cual la ambrosía de los dioses parecía agua 'e la zanja. Después… la Crítica de la Razón Pura en forma de sopa con bolitas: los legendarios kneidalaj!!! Por supuesto que mi bobe hacía más o menos una cantidad como para alimentar a todo el Séptimo de Caballería, con sus nobles brutos incluidos, pero como tenía miedo que después no comamos ni el pollo ni el zharkoie ni las kaklietn ni la benemérita "compot", nos retaceaba un poco las deliciosas bolitas, que a mí me llevaban el alma. Pero en este Seder mi abuela, con draconiana autoridad, decidió que a Mendele (vuestro por entonces todavía flaco y humilde servidor) y a su hermana Perele (hoy la afamada psicóloga, escritora y por mí lejanamente añorada Licenciada Perla Sneh) y a los demás kinderlaj les iba a servir los kneidalaj según la edad: con los más parvulillos no había problema, a mi hermana le correspondieron cuatro… después de echar un vistazo a mi plato, adornado por ocho deliciosas esferillas y dirigirle a mi hermanita una olímpica y sobradora mirada de superioridad, en mi cerebro, lejano aún de complicados cálculos matemáticos, afloró una duda metafísica que encontró su vía de escape por mi boca siempre abierta por ingeniosas aunque a veces zumbonas y no siempre oportunas parrafadas: ¡"Bube, entonces al zeide y la tía Malke vas a tener que servirles los kneidalej en la bañadera"!

Silencio.

Un ominoso y tenso silencio.

Tanto como para romper el cubito y evitar el coscorrón de mi viejo que ya veía sobrevolar sobre mi algo sobredimensionado cráneo como un Zero japonés, dije como pa'rreglarla: ¡"Bueno, bube… pero para servirle a la tía Jashe te alcanza con una palangana"!
Entonces todos (salvo la tía Jashe, por supuesto) prorrumpieron en estruendosas carcajadas. Las relajadas facciones de mi viejo riéndose como tanto me gustaba verlo reír me dieron a entender que después de todo lo mío fue un tanto ocurrente y vi el amenazante coscorrón aceptar el "abort mission" para trastrocarse en una de sus tan dulces y a la vez tan viriles caricias, mientras me susurraba al oído, aún riéndose "no es de caballeros hablar de la edad de las mujeres…"

Recuerdos de mi infancia. De mi bobe, de mi zeide, de mi padre… de la magia de un Seder de Pesaj… en familia.

Gracias por compartirlo.

*Vaya uno a saber

Marcelo

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Re: RECUERDOS DE UN SEDER DE PESAJ

Mensaje  MIRTA el Miér Abr 15, 2009 8:57 am

Hermosos recuerdos,de otros tiempos.....Gracias por compartir!!!!! flower

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